lunes, 23 de noviembre de 2009

365 ago.

Querida tú. Acabo de llegar de intentar encontrarte por casualidad, y mi destino de nuevo me ha fallado. Con tanto nuevo propósito incumplible para el nuevo año no puedo impedir pensar en escribirte algo, aunque mi mente no esté para muchos trotes últimamente.

Mentiría si dijese que desde aquel día no me ha cambiado la vida. Hemos pasado tantas cosas juntos en tan poco tiempo, que cada vez que miro atrás y mi jodida memoria me da un azote de recuerdos me parece todo increíble. He cambiado yo, has cambiado tú y hemos cambiado nuestro mundo, una y otra vez.

Pero aún así no puedo evitar seguir sintiéndome extraño al verme reflejado en tus ojos. Seguimos no siendo otra cosa que dos enemigos dispuestos a hacernos la vida imposible, y empieza el año, y se acaban mis fuerzas. Hemos llegado a un punto en que la gente no se cree nuestras historias, mis amigos piensan que no existes, y mi torpeza ha huido para no seguir haciendo el ridículo. Nos hemos besado, nos hemos revolcado entre los sueños de quién no debiéramos despertar y nos hemos alejado de la realidad, la última vez hace tan sólo unas horas. Pero yo sangro, lloro, me lamento… y tú no, tus labios simplemente me siguen dando de vez en cuando esos besos salados que acompañas de tu infernal sonrisa, que me hace subir tan alto que después la caída hasta los fuegos es terrorífica.

Algún día cruzaré esa puerta y no volveré a ser el mismo, y lo siento de verdad, pero días como hoy, que soy yo el que intentaba darte una sorpresa y tú quien no te has dejado, sólo te puedo decir una cosa: tú, quien yo quisiera como mi fantasía, púdrete.

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