Casualidad o no se había topado con aquel frasco. Ya no recordaba su olor, su pelo, ni sus labios… Pero al descubrir aquel pequeño diablo algo le atravesó la espalda de arriba abajo. Aquel aroma había estado repitiéndose durante un año entero y ahora solo existía en el fondo de su cabeza. Era frambuesa, era ella.
Nunca más recorrería su espalda, las horas enredando sus manos entre su melena no se iban a dar, había dicho adiós a sus labios… Y en definitiva, a todo lo que consistía en el placer de ver, tocar, sentir por todos los sentidos y tan cerca como fuese posible. Pero era precisamente aquello en lo que no había caído lo que mas echaba de menos.
Nadie le había vuelto a abrazar de aquella forma... ni con aquel olor.
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Hace 8 años